Las tensiones entre cornejistas, el sector de Lousteau y los restos de Provincias Unidas complican la conformación de un bloque único en Diputados. La disputa por la jefatura y la relación con el gobierno de Milei profundizan el quiebre.

La Unión Cívica Radical enfrenta una crisis interna que podría dejarla en diciembre con el bloque más pequeño desde el retorno de la democracia. Las negociaciones entre los 12 diputados que sobrevivieron al recorte electoral están empantanadas por diferencias que vienen arrastrándose desde la campaña y por la pelea por la presidencia partidaria que disputan Alfredo Cornejo y Gustavo Valdés, con Martín Lousteau como actor central.

El sector de Cornejo apuesta por imponer a Pamela Verasay como jefa de bloque, con el apoyo de Nieri, Banfi y Cipolini, pero ese movimiento es rechazado por Evolución, el espacio de Lousteau, Coletta y Juliano, que consideran inadmisible quedar bajo una conducción cercana al oficialismo libertario. A la vez, Juliano evalúa formar un monobloque para evitar diluirse en una interna que no logra ordenar ni unificarse.

Mientras tanto, los intentos de articular un armado federal con referentes de Corrientes, Entre Ríos y Jujuy se desmoronan y crece el temor a una partición múltiple. En ese escenario, solo María Inés Zigarán y Diógenes González aparecen como opciones de consenso, aunque dirigentes radicales reconocen que el riesgo de disolución es real y que el partido podría repetir en 2027 el error de competir sin alianzas y quedar al borde de perder su personería.

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