Juan Schiaretti todavía no asumió formalmente su banca en el Congreso, pero ya empezó a mover las piezas dentro del nuevo armado legislativo. El ex gobernador cordobés instruyó a su espacio a apoyar a Gisela Scaglia en la interna por la jefatura del bloque, una pulseada que la enfrenta directamente con Miguel Ángel Pichetto, quien busca retener la conducción.

El apoyo de Schiaretti a Scaglia reconfigura el escenario interno y fortalece la posición de la dirigente santafesina, respaldada además por gobernadores que buscan consolidar un bloque más alineado a las provincias. Este movimiento deja a Pichetto en una situación incómoda: su continuidad al frente de la bancada, que parecía natural, queda ahora condicionada a una negociación que se tornó más áspera de lo previsto.

A la disputa por el liderazgo se suma el debate por la identidad del nuevo bloque, que aún no tiene nombre definitivo. Mientras algunos sectores impulsan mantener el sello existente, otros presionan por relanzar el espacio bajo una denominación que refleje el protagonismo de los mandatarios provinciales. La indefinición alimenta tensiones y muestra que la discusión excede la cuestión formal: se trata de quién fija la línea política.

En ese clima, Pichetto dejó trascender que no descarta armar su propio monobloque si es desplazado de la conducción, lo que abriría una ruptura que debilitaría la arquitectura legislativa del espacio antes incluso de su debut parlamentario. La decisión de Schiaretti de intervenir, aun sin haber jurado, marca su voluntad de ordenar el bloque y, al mismo tiempo, expone la fragilidad del equilibrio interno.

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