El frío invernal presenta un desafío común para los hogares porteños y del interior: cómo permanecer abrigado manteniendo los gastos controlados. La solución más directa y económica radica en una acción básica pero frecuentemente olvidada: cerrar las filtraciones de aire en puertas y ventanas mediante sellado efectivo.
Las aberturas representan los eslabones débiles en materia de conservación térmica dentro de cualquier hogar. Por pequeñas que sean, las fugas acumuladas generan pérdidas de temperatura muy significativas. Hallarlas es simple: en noches frías, pasá tu mano alrededor de marcos y bisagras para descubrir dónde se cuela el aire externo.
Luego de identificar esos puntos críticos, disponés de opciones prácticas y económicas al alcance de tu mano. Los burletes de goma, espuma o silicona son ampliamente usados en la región. Su colocación no requiere destrezas particulares ni herramientas sofisticadas, y su durabilidad es satisfactoria. El presupuesto estimado oscila entre cien y trescientos pesos, según calidad y extensión necesaria.
En casos donde las grietas son más amplias o profundas, la masilla acrílica y el sellador de silicona resultan muy efectivos. Se consiguen en cualquier ferretería local y se aplican sin inconvenientes para usuarios sin experiencia.
Conviene además chequear minuciosamente el estado de los vidrios. Podrían albergar microfisuras que no se perciben a simple vista pero que permiten el paso del aire. Aplicar película térmica es una opción más accesible que cambiar ventanas completamente.
Conforme a los técnicos especializados, estas intervenciones logran disminuir las pérdidas térmicas entre quince y veinticinco por ciento, dependiendo del deterioro previo de tu vivienda. Ejecutadas en forma coordinada, provocan mejoras notables en la temperatura del interior y en la cantidad que pagás mensualmente por calefacción durante los períodos de temperaturas más duras del año.
Imagen: Merve Selcuk Simsek / Unsplash – Con informacion de La Nación






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